Millennials, generación endeudada y sin vivienda en México

Ciudad de México

En México, los millennials, son la generación que nació en la década de los ochenta y la primera parte de los noventa, conocen bien las crisis económicas, ya que crecieron entre la caída de los precios del petróleo, el incremento de la deuda externa y la devaluación de la moneda frente al dólar.

Enfrentaron a la crisis financiera global del 2008, y ahora, en su época de mayor productividad, viven el gran colapso de la economía mundial.

“Es una generación que vive de forma precaria, endeudada y sin la capacidad de construir un patrimonio. No pueden mejorar en términos sociales, pues no existen las condiciones”, dice el Dr. Carlos A. Jiménez Bandala, especialista en Estudios Organizacionales por la Universidad Autónoma Metropolitana en México.

Los millennial, o generación Y, vive con números rojos y sin reservas para enfrentar cualquier emergencia. Según la empresa reparadora de crédito Resuelve tu deuda, el 63% de los jóvenes no cuentan con un fondo de ahorro, y un 68% tienen una deuda. Por lo que se prevé que lleguen al final de la pandemia sobre endeudados.

Trabajar en una empresa para comprar una casa es impensable para las actuales generaciones. La incertidumbre económica que trajo la pandemia incluso ha obligado a los jóvenes a desocupar los cuartos que rentaban y regresar a casa de sus padres. Según cifras de la comunidad virtual Dada Room, en la Ciudad de México uno de cada cinco jóvenes regresó a casa, y otros optaron por compartir espacios con más personas. Incluso hay parejas que viven con desconocidos para poder solventar los gastos.

Se va generalizando la idea de que las generaciones jóvenes prefieren vivir en comunidad, y que no les interesa invertir en su patrimonio, pero en realidad viven en hacinamiento. El profesor Jiménez Bandala argumenta que los bajos ingresos de los millennials los dejan sin la posibilidad de adquirir una vivienda.

“En la Ciudad de México, solo un 1% de los jóvenes son sujetos de un crédito hipotecario en relación con sus ingresos. Los censos muestran que la gente vive hacinada bajo el concepto de cohousing, y algunos logran comprar, pero en municipios periféricos a la ciudad, y hacen hasta tres horas de camino para llegar a su trabajo”, señala el profesor.

La mejora social, no está en la cabeza de los jóvenes, lo cual confirma un estudio realizado por el Colegio de México. Este revela que solo el 2% de las personas en condiciones de pobreza pueden escalar socialmente. Eso genera desánimo y desesperanza en la sociedad, pues cada vez que un universitario no obtiene empleo, o tiene un trabajo precario, los familiares piensan que no tiene sentido seguir el mismo camino.

“A eso se le llama la trampa de la pobreza: la gente ya no cree en un proyecto educativo ni laboral, lo que se convierte en un círculo vicioso. Hicimos un estudio de campo en las comunidades marginadas del país, y lo que observamos fue que el crimen organizado vigila esas zonas, e identifica a los jóvenes con liderazgo, los recluta y les paga grandes cantidades. Para los jóvenes, esa es la forma de mantener a la familia”, descubre el investigador Jiménez Bandala quien teme que esta práctica se expanda al resto del país.

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